Ahogada.

Hoy es una de esos días que deseas que terminen. Porque hay un momento del día bastante incómodo y embarazoso. Las dudas comienzan a inundar mi mente, temiendo que me esté equivocando y no me dé cuenta. Aparentemente estoy bien, es cierto, pero en el fondo de mi ser sé que hay algo que no funciona, algo que falla, algo que no encaja, algo que me agobia, algo que me apreta el pecho y no me deja respirar... Es un nerviosismo acelerado que provoca que tu corazón siempre esté latiendo, siempre esté alerta ante cualquier movimiento del mundo que te rodea. No es vida. Eso es estrés. Eso es vivir asfixiada, vivir ahogada, vivir sin paz...
Paz... Palabra que no conozco su significado porque es algo que nunca he tenido, algo que necesito y que solo Dios me podrá dar si se lo pido. Debe ser algo que me tranquilice, que me haga estar tranquila, relajada... No pido que no me haga pensar, pido que me haga cambiar, que me haga mejorar, que me haga evolucionar a mejor. Sé que tengo toda una vida pero yo soy una de esas personas que quiere cambiar el mundo, y no puedo empezar cambiando el mundo cuando lo primero que debo cambiar, soy yo misma. 


Posdata: No sé nada, de nada. 

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