No ves nada, verdad...¿?


Ya no describo como la oscuridad me transforma, me tranquiliza, me hace desaparecer... Si no, ahora sé que soy así. Soy la oscuridad. Me represento con ella, porque aparezco con un simple gesto: apagando la luz. Con una simple lágrima, mi compañía la tienes asegurada. Con qué personaje, elemento, animal o cosa... te representas tú...¿? Y por qué...¿?

La Oscuridad...
Vagabundo, inmundo, pobre de espíritu, cobarde y solitario. Así me presento.
Son palabras duras pero ante todo sinceras.
No tengo un físico destacable. No soy atractivo, ni popular. Vivo y sueño durante las horas nocturnas.
No hace falta llamarme porque simplemente con solo apagar la luz, me tienes presente.
Ahora lo ves todo negro, ¿verdad?
La luz se ha marchado. La luz del sol está perdida y alejada de ti.
Dejémonos de lamentaciones, de egoísmo, de barbaridades, de tragicomedias, de pura hipocresía.
Déjame cubrirte con mi sombra, para ocultarte, para guardar silencio, para recuperar el aliento, para recuperar aquello que das por perdido… Para escuchar tu latido, para escuchar ese dolor y ese frío.
Pocos saben en que consiste este trabajo. En realidad… es mi vida entera.
Unos huyen por miedo a mí, pocos quieren hablar conmigo, otros me aceptan  en su compañía.
Desconocéis el motivo de mi existencia, pero desconocerla no significa, que no lo tenga.
Sí… Mi vida si tiene sentido porque sin mí nada ni nadie apreciaría una sonrisa cuando estás triste, el brillar de las estrellas, el recuerdo de la infancia, el camino abandonado que te obligo a retomar.

Teme de los extraños pero confía en los amigos. 


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