Ese momento de desesperación. Ese momento de pura intuición. Ese momento de explosión psicológica. En ese momento de martirio mortal. Ese momento de discusión. Ese momento de preocupación. Ese momento de contar. Ese momento de temblar. En ese momento de desmayar. En ese momento de pura necesidad. En ese momento de irresponsabilidad total. En ese momento de mal carácter. En ese momento de luchar contra el mundo, pero no te confundas, no luches contra los que te quieres. En ese momento de que desconfías de todo y no te dejas ayudar. En ese momento de nerviosismo. En ese momento de egoísmo. En ese momento en el que te muerdes la lengua. En ese momento que tragas tus palabras. En ese momento… comienzas a mover la boca, a decir lo que te pasa, a contar lo que te impide respirar… Pero lo mejor de todo es que no estás sola. Puede que el lugar donde te encuentres esté completamente vacío, esté desértico, esté terrorífico… Las luces apagadas y solo hay una pequeña lámpara al final de la sala. Piensas hablemos a las paredes. Pero antes de acabar la frase ves que en realidad hay alguien escuchando, hay alguien que quiere escucharte, hay alguien que quiere ayudarte, hay alguien que te aconseja, hay alguien que se preocupa, hay alguien que lo da todo por verte tranquila. Pero te preguntarás y cómo sabes eso…¿? Mira a esa persona a los ojos y comprobarás que lo que dice no es mentira.


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