A-S-U-S-T-A-D-A... La verdad.

Pocas veces he sentido la desilusión en mis propias carnes.
La desesperación acelera mi pulso. La impotencia provoca que me agarre a algo para no caerme. Las lágrimas mojan mi cara. Mis labios dibujan una mala sonrisa. No recordaba la insatisfacción que te producía ver algo que jamás pensarías, que jamás verías porque estabas totalmente segura de que nunca pasaría así. Desgraciadamente, no controlamos nuestro alrededor, pero si a nosotros mismos.
Hoy no ha sido uno de mis mejores días, momentos o como quieras llamarlo... Hoy me he decepcionado conmigo misma. Estoy descompuesta, asustada y algo agobiada. ¿Sabes a qué preocupación me refiero? Sí. A aquella preocupación que solamente piensa un estudiante: Sus notas. Intento tranquilizarme y buscar soluciones pero me falta información. Sé que podría haberlo hecho mejor y que los resultados no son los que esperaba y los que nunca desearía haber recibido. Ese hecho hace replantearme cosas. Incluso imaginarme un futuro desastroso. No me puedo basar en lo que puede ocurrir sino en lo que ahora está pasando. Sabía que el camino que elegí no sería fácil, que habría que luchar codo con codo contra los obstáculos que se presentaran. Un lema: Nada es imposible. Me aplico el propio consejo. ¿Por qué? Porque de las caídas es de como se aprende, de como se adquiere experiencia y se da a conocer a otros.

Posdata: Espero que mañana al terminar la de injusticia y de dolor pueda mantener la boca cerrada para que solamente se escuche el sonido de mi lengua aplastada por los dientes.

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