Más allá...


Un día que se había levantado el viento y la lluvia manchaba la acera de charcos y barro, pasaban dos jóvenes. Ella hablaba con la persona que la acompañaba. Ella no podía dejar de derramar lágrimas y de repetirse a sí misma que no diría nada a nadie. Porque no podía soportar que alguien escuchara sus penas cuando todo el mundo tiene bastante con lo suyo. Pero aquella persona que le escuchaba decidió no decir nada, simplemente darla un abrazo fuerte. Ambas se quedaron varios segundos abrazadas. La que lloraba lo agradecía y la que abrazaba se daba cuenta de que su amiga se encontraba mejor.
La pregunta no era por qué lloraba, si no cómo lloraba. No siempre se conocen las razones. No siempre es bueno saber demasiado de lo que no nos concierne. No siempre está mal que hablemos sobre lo que sentimos, sobre nuestras emociones, sobre nosotros mismos. A veces necesitamos que alguien nos rescate. A veces necesitamos a esa persona que con detalles te soluciona tu problema, te ayuda, te devuelve esas razones por las que sigues luchando, aguantando, sintiendo que estás en este mundo para algo más que sufrir y perecer. Pero esas cuestiones se van olvidando a lo largo de nuestras vidas. Y durante ese tiempo, desaparece de nuestras vidas gente que era nuestro compañero de confidencias, nuestro amigo, nuestro tesoro... Sin darte cuenta, cuando echas de menos a alguien ya es demasiado tarde como para volver a por ella...
Posdata: Las desgracias unen almas. Los risas provocan sonrisas. Las lágrimas a veces, cierran heridas.

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