Seguridad.

Incomprensión. Temor. Desconfianza. Inseguridad. Miedo. Rabia. Injusticia. Desesperación. Tristeza. Depresión. Desinterés. Pérdida. Tormenta. Angustia. Lástima. Cansancio. Dolor. Soledad. Impotencia. Rencor. 

Eso era lo que estaba escribiendo en una hoja. No paraba de repetirlas una y otra vez, una y otra vez... La luz de la luna, asomaba por la ventana pero no era capaz de mirar más allá de la hoja donde estaba escribiendo. Un gemido de dolor, inundaba su alma y mataba lo poco que quedaba de sí misma. Su pensamiento estaba cambiando. Ella comenzaba a darse cuenta de que cada vez se sentía peor. Pensaba en todo lo malo que le había pasado en ese día, pero al rato decidió. Rompió el papel donde ponía como se sentía, donde estaban esas palabras garabateadas y corridas por el montón de lágrimas que había caído de sus ojos. Cogió otro papel y comenzó a escribir...

Comprensión. Valor. Confianza. Seguridad. Serenidad. Justicia. Esperanza. Alegría. Ánimo. Interés. Gracia. Calma. Alivio. Descanso. Bienestar. Compañía. Cariño.

Al trazar esas líneas que formaban letras y estas, a su vez, dibujaban palabras. Palabras que tenían sentido. Palabras que significaban cómo quería sentirse, cómo debería sentirse. Eso era lo que quería. Quería ser algo más feliz. No deseaba quedarse en lo mediocre, quería llegar más lejos. Quería profundizar. Quería aprender. Quería recuperarse. Quería despertarse cada mañana con una sonrisa, aunque no tuviera un motivo por el que hacerlo. Sabía que lo iba a conseguir porque algo en su interior le pedía a gritos: ''Sonríe por los que quieres. Hazlo, ¿a qué esperas?''. Su cara deslumbraba, mostraba una afabilidad que era irreconocible ante los demás, pero ella sentía eso y mucho más. 

Posdata: ¿Por qué valoramos "sonreír cuando estamos mal"? Porque sabemos lo difícil que es hacer feliz a los demás.

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