Ahora soy un depredador de cada cosa que veo.

-¿Qué necesitas?
-Un cambio.
-¿De qué?
-Un cambio de vida. 

Cambio. Una palabra que a veces es interpretada con buenas sensaciones pero otra veces... Es mejor ni nombrarla. En mi lugar, el problema es que nada a cambiado. He podido cambiar yo pero ¿y todo lo demás? Veo los mismos problemas y, a la vez, mi vida más amarga. No me siento mal, me siento fatal. ¿La verdad? Parece que todo va de mal en peor. Pero hoy he decidido. He hecho lo que me ha dado la gana, me he ido sin dar sin ninguna explicación... Simplemente, me he ido. Me he marchado. Cuando he cruzado esa puerta, me he sentido independiente. He sentido esa capacidad de iniciativa propia y he soltado la carga de la excesiva responsabilidad. ¿Harta? En realidad no... Pero cansada. Siempre lo mismo. Pues este es mi verano y ya es hora de pensar en lo que quiero. Si los demás no me quieren seguir allá cada uno con su vida, hoy era la primera vez en mucho tiempo que cogía esa puerta y me iba. Increíble, ¿verdad? 

Necesito algo. Pero el qué. ¿Necesito problemas? Necesito soluciones a mis problemas. Son tonterías pequeñas, detalles que se quieren cambiar. El gran problema es la comunicación, es decir, el acuerdo. Lo peor está durante ese encuentro. Pero tengo una estrategia. Quiero ir haciéndolo poco a poco... Con lentitud pero con seguridad. Quiero ganar respeto y libertad. ¿Quién lo hace? En mi hogar nadie. ¿Mi opinión? No sirve porque no es importante, no es una ''prioridad.'' El problema es que cada uno hace lo que quiere y cuando quiere. Pues es mi turno. Es mi momento y no lo pienso perder muriéndome del asco con este querido verano 2013. 

Posdata: Todo es posible pero... Hay que arriesgar para ganar. 


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