Aún me sigo preguntando el porqué...

Lo odio. LO ODIO. LO ODIO.
Sí, mi vida es una puta mierda. ¿La tuya también? Ya lo sé pero ahora, quiero hablar de mí porque está es mi historia.

Las normas. Las odio. Lo peor de todo es que las cumplo a rajatabla. Odio no poder decidir. Soy alguien con más de dos dedos de frente. No me entiende mucha gente. Los que me deberían entender mejor... No lo hacen. ¿Por qué? Porque debe ser que me ven como una niña pequeña. Alguien que no sabe lo que quiere. Alguien estúpido o demasiado confiado. Pues para empezar, no soy una niñata que no sabe nada, sé muchas cosas sobre esta jodida vida que a veces nos toca soportar. Me he enfrentado a circunstancias que no todo el mundo sufre. He competido contra mis sentimientos, contra mi carácter, contra aquellos defectos que me hacen destacar en el mundo.


Soy alguien independiente. Soy alguien que desearía hacer millones de cosas pero solo me permiten hacer cosillas... Mi respuesta es no, porque soy alguien mayor que ha superado las dificultades de la adolescencia y ahora quiere cometer errores, quiere divertirse... Sinceramente, no me divierto. Me consumo. Me odio a mí misma por ello. Lo peor es que no puedo hacer nada al respecto. Tantas palabras desperdiciadas para siempre recibir un "no" por respuesta, en vez de un "de acuerdo, hablemos". No soporto millones de problemas y lo peor es que a veces esos problemas te los forman los demás, en concreto, los que te quieren. Odio abrir la boca y que nadie me entienda. Odio que en mi inferior haya más odio que amor. Odio mejorarme e intentar ser algo mejor, si nadie se fija en quién he sido y en qué me he convertido.

¿Acaso miramos más allá de nuestras propias narices? No. La verdad. Todos vamos a nuestro aire, a nuestros asuntos... Lo peor es cuando tú perteneces a este mundo y cuando te abres a él, el mundo solamente es capaz de saludarte con una patada en el culo.

Posdata: Noches tranquilas existen pero malos recuerdos también.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Me has seducido.

Sensible. Espumoso. Intenso.

Difícil de creer.