Tú conmigo.

Esperabas que me hundiera contigo, pero eso no lo hago porque no te quiera... No lo hago porque lo que debo hacer es levantarte conmigo.

Los días pasan. Las semanas acumulan fechas, horas concretas y sitios a los que no fuiste. Los libros ya no te entretienen. Tu cuerpo te pide aire, movimiento, fuerza y frescura del viento. Tus piernas quieren ponerte a prueba, quieren demostrarte que aún hay tiempo para correr. Aún existe tiempo para vivir, para rectificar. Tu alma se pierde porque no sabe en qué apoyarse. No sabe como levantar su ánimo, su moral, su bondad... No sabe porque no para de recibir golpes. Uno detrás de otro, sin prisa pero sin pausa. No importa intentas tener paciencia. Intentas mantenerte en pie. Pero todo lo que tiene un principio, tiene un final... BUM.
Ese es el único sonido que hace tu cuerpo, no se escucha ni el sonido de tu respiración, ni el latido de lo que te mantiene vivo. Aguantas ahí tumbado. Aguantas ahí pasando un mal rato... Como siempre en soledad. No pasa nadie a ayudarte, pero tampoco pides ayuda para que se den la vuelta y te ayuden. A veces necesitamos que esa persona aparezca. Necesitamos ver a quien siempre nos ha aguantado y nos ha querido sin pedir nada a cambio. A veces queremos tanto a alguien que nos enamoramos, que nos alegramos. Deseamos que nunca se vaya y nunca lo hace. Siempre está cuando te caes, cuando te pierdes, cuando no existe nadie más que te pueda ayudar. Eso no es aprovecharse, eso es quererla sin medida, sin condiciones. Simplemente porque siempre estará en cualquier lugar, pero siempre contigo.

Posdata: Es un tú conmigo.

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