Hacia la esclavitud. Jamás seremos libres.

Siempre se hace difícil volver al hogar por no querer vivir siempre la misma rutina.

Los días habían pasado. Para cada persona de manera distinta. Sus caras no eran las mismas desde la última vez. Sus caras habían envejecido, pero no habían perdido la alegría o ese contagio que solo trasmiten los jóvenes. Esas personas seguían siendo jóvenes en cuerpos de viejos. Sus ojos brillaban como la primera vez... Con seguridad y decisión. Habían sufrido errores, que la gente de a pie suele denominarlo "defectos". Pero cada una de esas personas tenía a otra persona que amaba sus defectos, a pesar de todo. Esas tres personas nunca volverían a ser lo que eran porque se convirtieron en leyendas de la vida de cada persona con la que convivieron, con la que rieron, con la que tomaron un café...

¿Tuvieron miedo? ¿Miedo... A qué? No tuvieron miedo a que sus vidas cambiasen. Nunca se lamentaron de lo que hicieron porque fueron salvados y escuchados. A veces... Durante esos días de tráfico en la carretera y aquellos en los que no paran de sonar los teléfonos... Hay que pararse a escuchar. En ocasiones, nos damos cuenta de que lo estamos haciendo mal, pero preferimos tragarnos esa molestia, en vez de llamar a alguien para contarle qué pasa en tu interior.

La confianza existe. La comunicación está sobrevalorada porque hoy en día por mucho que se utilicen las palabras, nadie entiende nada. Nadie quiere entender, en concreto, nadie quiere escuchar...

Posdata: Es fácil contar una mentira, pero es difícil aceptar la verdad.

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