Lo tengo todo.

Nunca pude confiar demasiado en alguien... Por miedo a que contara mis miedos y me amenazara con ellos. Nunca tuve valor para contar mi vida a nadie, solo Dios es testigo de ella siempre. Por eso, es en uno de los pocos en quien puedo confiar.

Mi vida es igual de complicada, divertida, escandalosa, miedosa, comprometida y responsable que la de cualquiera. No por ello es más importante o menos. Me quejo siempre. Pienso que todo podría ser mejor. A veces pienso demasiado en lo que no tengo. No tengo una familia unida. No tengo millones de juguetes, viajes... No tengo mucho dinero. No tengo ropa cara. No tengo una cura... Pensar en esto, me agobia. Por eso, rectifico. Tengo a personas que me quieren. Tengo unos hermanos que valen demasiado. Tengo una madre muy responsable. Tengo un hogar en el que vivir. Tengo lo necesario para vivir. Duele pensar que jamás tendrás una vida normal, es decir, con sus problemillas pero no con problemazos que, en ocasiones, te superan.

Muchas veces me preguntan por qué creo en Dios. ¿Qué ha hecho por mí? Yo siempre respondo con que Él siempre ha estado ahí cuando no tenía a nadie. Sí, es triste verte en una situación complicada y no poder pedir ayuda por miedo... Mientras que Él ha escuchado sin apartar su mirada de tu lado, de ti. Es difícil de explicar. Tengo la certeza de que Él existe y de que me quiere. Lo peor de todo es que me quiere antes de que yo comience a quererle. De eso va el amor. El amor consiste en hacer cosas antes de que te las pidan. Eso es amor y no lo que se vende.

Posdata: "Yo soy la vida, la verdad y el camino".

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