Tesoros.

Historias que la gente cuenta y que solo las escuchan aquellos que quieren creer en ellas. Esas historias existen. Son experiencias, testimonios. Son capítulos de la vida de esas personas que cuentan sus vidas. No las cuentan a nadie, solamente a aquellos que les preguntan. Esas historias tienen sus momentos dulces y sus calamidades. He escuchado historias bonitas, tristes y auténticas. Ella tiene una vida placentera pero antes de llegar a ese punto sufrió y nunca conseguía ser feliz.

Hoy vivimos influenciados por el mundo que es demasiado grande y manipulable. Nos cuesta pensar en qué quieren los demás, pues es todavía más difícil pensar qué es lo que quiere Dios. Esa pregunta se mantiene en nuestra garganta y en nuestra mente. Preferimos no hablar de ello, es más fácil. Pero es un motivo perfecto para ver lo cobardes y lo mediocres que somos. Somos marionetas que cada vez piensan menos, cuando hemos sido creados de forma tan perfecta.

 Una vez escuché que existían dos planos: el horizontal y el vertical. El horizontal hacía referencia a la vida del mundo, y el vertical a la vida sobrenatural. Nadie mira al cielo y se pregunta por Dios. Todo el mundo tiene una respuesta establecida: creo en Dios o no creo. Así de fácil es tomar la decisión. Pero hasta que no estás en situaciones complicadas tú no te acuerdas de Él, mientras que Él se acuerda de ti siempre sin esperar nada a cambio. 

Puede que el que lea esto no quiera entenderlo o prefiera criticarlo pero la verdad solo es una porque esa verdad es la que busca el hombre para ser feliz, para potenciarse, para mejorar. No vale dar la espalda siempre, huir no soluciona nada. Hacer frente a tales cuestiones es casi imposible en el día a día por eso somos todavía más vulnerables.

Si hicieras una apuesta con un amigo en el que él diría que existe el cielo después de la muerte y tú dijeras que no existe el cielo, es decir, que no hay nada después de la muerte. ¿Qué elegirías?

Posdata: Solo Dios basta.

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