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Mostrando entradas de diciembre, 2015

El despertar de un genio.

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¿Realmente alguien puede saberlo todo de ti?
Leer con talento solo lo hacen unos pocos. Aquellos que leen entre líneas y ven más allá son genios. Esos genios habitan en nuestras vidas y buscan la belleza en todo lo que miran. Esos genios idealizan un mundo. En ocasiones lo ven como el paraíso, otras veces solo ven la desolación que inunda la vida.
En la mente de un genio, todo está en movimiento. Siempre piensan y reflexionan acerca de todo lo que ven y escuchan. El gran dilema es cuando piensan sobre lo que sienten. Su corazón se acelera por entusiasmo. Su respiración se vuelve relajada y su boca no puede parar de sonreír y de reír. Sus ojos están radiantes de felicidad. Su alma se queda prendida de otra y no puede separarse de ella. Su corazón empieza a anhelar algo que no tiene. Entonces el genio vuelve en sí y cae en la cuenta de aquello que siente.
El genio se siente inquieto y teme sentir tan profundamente. Siente crecer en su interior una semilla que no tiene nombre. Sus ojos se…

Sigo aquí.

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Maldición la llaman algunos porque muchas veces la incomprensión los aterra. Otros lo consideran un don porque no suele verse con facilidad entre la multitud. Quien lo posee nace con ello, pero luego es la vida y el tiempo el que dejan que ese don se mantenga o caiga en el olvido. Cuentan que un joven fue el primero en ser consciente de aquel don. El joven siempre había tenido pasión por todas las cosas y dejaba su mirada en el cielo. Miraba a las estrellas desde el tejado de su casa. No podía dejar de mirarlas y de soñar. Cuando las miraba, ellas bailaban con un suave vaivén. Ellas hablaban con dulces tintineos. Sus vestidos eran brillantes que estaban adornados con polvo de estrella y luces azules. La noche jamás era tranquila para aquel joven. Las estrellas que vivían en el cielo siempre le saludaban y le dedicaban algún baile. Cuando ya era medianoche, el joven se despedía y se metía en la cama. Cuando se despertaba ahí caía en la cuenta de que era la cruda realidad. Su espíritu h…