Reflejo.

Sus padres le habían hecho entrar en aquella habitación. La habitación era blanca y sin ventanas, sin ninguna luz natural, salvo el color blanco de las paredes. Miraba a su alrededor y para su sorpresa solo había un espejo. El espejo era antiguo y alto, casi rozaba el techo. Estaba decorado con un marco plateado y pequeñas piedras preciosas que empezaron a brillar cuando el niño se acercó. En el espejo, se reflejaba un niño de 13 años. Su pelo estaba revuelto y sus ojos miraban con inquietud. Sus ojos mostraban una luz especial. El muchacho quería apartar los ojos, pero le era imposible. Estaba hipnotizado y sentía que tenía que seguir mirando. Entonces, ante el muchacho apareció un joven fuerte y valiente. Mostraba una espada en su mano derecha y vestía una ropa que jamás había visto antes. Era una camisa de manga larga marrón y unos pantalones verdes oscuros que se introducían dentro de unas botas negras y altas. Aquel muchacho miraba al niño y le guiñó un ojo. Detrás de él, apareció una ciudad entera festejando la victoria de aquel muchacho joven. Todo desapareció. Volvió una nueva imagen donde el muchacho cogía una carta donde solo aparecía la letra A. Después, el muchacho aparecía ante unas personas serias y poderosas que vestían con capas rojas y trajes negros. La imagen no mostraba ningún sonido. Ante el niño todo se difuminó y  apareció la imagen de una mujer joven con pelo liso y sonrisa brillante. Sus ojos no eran comunes porque eran grises. La preciosa imagen desapareció y, entonces, el muchacho peleaba con un hombre malvado y le daba muerte. El muchacho caía de agotamiento al suelo y lloraba. El niño pegó un brincó al ver que en los ojos del muchacho aparecía el reflejo de un niño. El niño de 13 años se asustó porque veía como el muchacho del espejo lo estaba mirando. El niño empezaba a temer que aquella imagen saliera del espejo. El muchacho se levantó con rapidez y salió corriendo hacia el niño de 13 años. El niño se tropezó y miró hacia atrás. El espejo no mostraba nada, solo la cara asustada de un niño que no comprendía qué había sucedido. Aquel niño había visto cuál iba a ser su destino, en un simple espejo había visto qué iba a ser de él y de su futura vida.

Posdata: Nada está escrito, siempre hay elección. 


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