Como ellos.

Un cigarro en tu boca. Sale humo blanco. Te colocas y sonríes. Ella ha llegado. Embobado bajo el sol, miras sin los ojos. Ponte las gafas porque te va a quemar el sol.

Se asoman dos sombras en una conversación. Parecen la misma persona pero dos voces distintas son. Son algo parecido, pero sin llegar a serlo. Se parecen a los padres antes de casarse.

La tarde larga y suave donde todo espacio desaparece. La tarde donde todo tiempo corre, donde todo sueño cobra auge. La tarde fue larga y muy suave...

Solo quedan unos ojos claros, unos labios gruesos y una nariz roja. Solo quedan unos labios rojos, unos ojos negros y unas rosadas pestañas.

Ella era transparente y tranquila como esa tarde de agua fría. Él era orgulloso y bromista como esa mañana alcista. 

Los muros no les regalaban distancia. Las fronteras les daban espacio. La conversación a veces les separaban. Las palabras las malinterpretaban. Temían hablar porque nada bueno salía de su inseguridad.

Eran jóvenes acostumbrados a ser errantes. Ahora les tocaba anclarse. Tenían que romper sus rutinas para compartir parte de sus vidas. Eran despreocupados, aunque solo temían no caerse bien el uno al otro.

Muchos decían: yo también quiero uno así. Yo les sugería que en Internet todo lo pueden conseguir. Ellos reían nerviosos, temían que fuera así. Les miraba y les volvía a decir: el envoltorio no importa, si lo que hay dentro te hace feliz.

Posdata: Sé como ellos. No seas puro envoltorio.



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