Perspectiva.

Nunca he podido caer tan rápido en la cuenta de qué había hecho.

Pensé en huir y era lo que estaba haciendo. La conciencia solo me inspiraba seguridad y confianza. No podía reconocer aquel lugar como mi hogar, porque desde hacía tiempo todo había dejado de ser familiar a  mis ojos. Abandoné todo lo que creía conocer. Mi hogar se había vuelto húmedo y mohoso. No quise gastar mi tiempo en recuperar su estado original. No me lo pensé dos veces y decidí marcharme lejos de allí. Aparté mi vista de aquel lugar donde había disfrutado tanto. Cada rincón me evocaba un recuerdo distinto y un olor inconfundible. Mi mente no soportaba el fracaso y mi corazón no quería ahogarse.

No quise confiar en las posibilidades de aquella casa. No quise abrir los ojos para ver su hermosura o lo que quedaba de ella. Aquella casa se había echado a perder. Las humedades estaban detrás de aquella fantástica pared. A simple vista nada se apreciaba, quizás debería haber mirado. Quizás debía de haberme dado cuenta de que una parte de mi hogar se estaba rompiendo. ¿Qué culpa tuve yo? Mi culpa fue estar ciega. Miraba y solo veía el mal olor y la humedad de mi hogar. Solo pensaba en lo terrible que era vivir allí. Nunca pensé en quedarme a arreglar aquel lugar. Tenía miedo de romperlo más y quizás ese fue mi error. Solo veía un lugar que ya no reconocía porque lo había dejado marchitar. No volvería a esa casa jamás. Fue un lugar muy especial para mí, pero a esa casa la abandoné y la dejé atrás.

Posdata: Arreglar lo que se rompe es más fácil que cambiar de perspectiva.


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