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Mostrando entradas de febrero, 2017

Horizonte, respóndeme.

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Era como un eco en el vacío. Miré a mi izquierda y ahí estaba. No podría explicar lo que mis oídos escucharon. Era una explosión de aire y libertad. Una mezcla que pocas veces he podido admirar.

Podría decir que aquella velocidad casi me hace salir volando. No tuve miedo, sabía que después de aquella línea finísima que partía el horizonte en dos, iba a estar de regreso. Iba a volver con la victoria dibujada en mis ojos, pero para mi ingenua inocencia eso no fue así. Todo fue un amargo sueño que creí estar viviendo.  Tocé mis manos y mi cara, todo parecía de una claridad abrumadora que no pertenecía a este mundo. Creí que podía haberme quedado durmiendo en cualquier sitio que no fuera mi cama. La osadía de mi espíritu no conseguía marcharse de aquel lugar, no quería, no lo deseaba. Mi espíritu solo quería quedarse entre las aguas dulces de aquel sueño. Aquel eco en el vacío se repetía y mi espíritu vibraba al son. No sabía qué estaba haciendo, ni qué era aquello. Si pudiera mi espíritu …

Ella parecía seca.

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La pradera parece seca. Hace mucho que la lluvia abandonó esos prados, esas tierras. El color de su hermosa melena está fuerte y brillante. Mira con dulzura y no puede evitar pensar lo que su mala conciencia abusa de ella. La fuerza de sus ojos viste la tristeza de cualquier pobre en espíritu. Ella regala frescura para apaciguar a la bestia que algunos llevan a cuestas. Ella no obliga, porque ama el escudo de cada casa, de cada familia. No preguntan sus labios palabras comprometidas, sino motivos por los que proporcionar descanso. No tiene una casa grande, no tiene la mejor vista, no carece de nada porque en su sencilla morada lo tiene todo. 

Muchos viajeros me han hablado de aquella pradera seca que para mí es abundante en cantidad y textura. Miro a la pradera y no me sostiene la mirada, huye. Me da la espalda para no creer en su existencia, cree que depende de lo que otros piensan. La miro y vuelvo a llorar de espaldas a ella porque no quiero creerlo, no puedo creerlo. Ella se ha dad…

No podría explicártelo.

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No podría explicártelo. Cuando lo pienso solo actúan mis manos. Le rozan la cara y le miran con ternura. Es complicado no pensar en qué espero, qué es en lo que creo. A veces las dudas y la inseguridad se instalan en mis pensamientos y me susurran. No como acusadoras sino como consejeras. No puedo evitar pensar si está bien o si es lo mejor. Oigo conversaciones y opiniones, siempre surge ese pellizco que me reclama que me despierte de un sueño. Me pierdo en lo hondo de tu cuello y no puedo pensar, solo sentir. No podría explicártelo. La felicidad la rozo con los dedos pero a qué precio. 

Dicen que aquello que sentimos como nuestro no podemos forzarlo. Nunca me he atrevido porque es tu libertad. Siempre puedo buscarte entre la multitud, conectarnos y entendernos. Siempre la armonía ha reinado en nuestro pequeño mundo. No temo a nadie mientras me anclo a ti, pero a qué precio. Me dirijo por lo que quiero, no por lo que tú esperas. Jamás... ¿Entonces, tendré que ceder cuando yo no quiera?…