No podría explicártelo.

No podría explicártelo. Cuando lo pienso solo actúan mis manos. Le rozan la cara y le miran con ternura. Es complicado no pensar en qué espero, qué es en lo que creo. A veces las dudas y la inseguridad se instalan en mis pensamientos y me susurran. No como acusadoras sino como consejeras. No puedo evitar pensar si está bien o si es lo mejor. Oigo conversaciones y opiniones, siempre surge ese pellizco que me reclama que me despierte de un sueño. Me pierdo en lo hondo de tu cuello y no puedo pensar, solo sentir. No podría explicártelo. La felicidad la rozo con los dedos pero a qué precio. 

Dicen que aquello que sentimos como nuestro no podemos forzarlo. Nunca me he atrevido porque es tu libertad. Siempre puedo buscarte entre la multitud, conectarnos y entendernos. Siempre la armonía ha reinado en nuestro pequeño mundo. No temo a nadie mientras me anclo a ti, pero a qué precio. Me dirijo por lo que quiero, no por lo que tú esperas. Jamás... ¿Entonces, tendré que ceder cuando yo no quiera? ¿Realmente somos libres cuando estamos juntos? ¿Qué es aquello por lo que decido? ¿Somos egoístas por querer algo que no nos corresponde? 

La claridad no la saboreo porque no estoy segura. No reprimo nada, lo hago y ya está. ¿Sabrás leerme y entenderme? Son tantas las veces que nuestros padres nos han aconsejado sobre ello y aún sigo sin tenerlo claro. Mis fronteras no están cerradas del todo. ¿En qué se fundamenta nuestra barca? ¿Es amor a primera vista, trágico, corporal o desesperado? Nunca he tenido que arrascar ese picor. Es cierto que mi alrededor lo ha anunciado innumerables veces, pero mi alma no lo ha sentido, ni lo ha necesitado. He vivido con cadenas pero en libertad. Las paseaba colgando de mis manos, pero no pertenecían a ninguna parte, a ningún lugar. La libertad existe, pero jugamos con ella creyendo que no teníamos opción. 

He compartido todo lo que es mi existencia y tengo dudas. Quizás, no sea yo. Quizás es la primera vez que vivo anclada en tu cuello, en tus manos, en tu alma. Quizás, el precio a pagar no me importe mientras sea para pasar al otro lado. A esa preciosa vista que muestra el horizonte. Mientras el tiempo sea mío, quizás pueda ser libre para dejarme hacer por ti y amar mi presente. 

Posdata: Cualquiera duda, pero no siempre deciden quedarse hasta con las dudas. 


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