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Mostrando entradas de abril, 2017

Lo quiero para llevar. ¡Gracias!

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Quiero volver a mi infancia. La niña que fui sigue latiendo en mi interior. A veces la veo jugando entre mis pestañas. Si estás atento, puedes verla dormida en mis pupilas. Ella parece que solo juega, pero sabe más de lo que cree. Observa mi humor, mis calenturas y me acoge con buenos consejos. No hay maldad ni destrucción en su mirada. Sus ojos negros dibujan destellos a quienes la miran. A veces se me olvida que está ahí. A veces olvido que ella aún vive. Por lo visto, dice que nunca podría abandonarme. 

¿Tantos son nuestros pesares? ¿Cuántas veces perdemos el tiempo en observar nuestra propia vida y ver todo lo que nos desagrada? ¿Con qué nos vamos a quedar cuando nuestro espíritu abandone esta cruel tierra? Doblegar a nuestro caballo es difícil, y mucho más cuando está enjaulado. Relincha y golpea las barras que le impiden estirar sus alas. Las fronteras del prejuicio nos separan de la globalidad y de nuestro propio ser. ¿Dónde estamos? ¿Qué es lo que me inquieta y no me deja dormi…

Lo quiero todo.

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Cómo puede ser que la majestuosidad de tu capa ilumine toda una porción del universo. Cómo puede ser que tu sencillez sea tan intensa. Explícamelo, Amor, porque quiero parecerme a ti. Las dudas las apartas de mi pecho. No es lo que te interesa escuchar, sino ver mis grandes ventanas por las que justifico al mundo. Mis filtros entorpecen el conocimiento que me das gratis. ¿Cómo puedo curarme? Contemplo tu luz y me maravillo. No se puede comparar con nada que antes haya visto. Hoy no estoy perdida entre las telarañas, sé dónde ir a buscarte. Tienes tu sonrisa brillante y tus manos sucias. Has estado trabajando pero no estás cansado. Vuelves tus ojos a los míos y me hablas diciendo: Estoy aquí, solo trabajando. Ven, ayúdame. Puedes hacerme una petición, te la concederé. Mi boca se hizo pequeña y se atrevió hablar: Lo quiero todo. Él me respondió con amabilidad: Te lo he dado todo. Tú me pedías que querías un corazón gemelo. Lo tienes y está ahí. Lo que te aflige no es mi presencia. Nunca …