¿Quiénes sois para vuestro tiempo?

Sois como el café y el azúcar. La suavidad de esa blanca piel rodea tus fronteras entre el placer y la responsabilidad. La diversión se encuentra en sus labios y los tuyos lo consumen con más frecuencia que el aire. Nada se interpone entre las virtudes de su hermosa figura. Sus brazos y piernas se estremecen al roce de tus huesos. Su piel se calienta al encontrarte entre las tormentas de su día a día. El lugar al que decide ir a refugiarse es en ti mismo, en el café. Ella solo espera descargar en ti sus frustraciones y no espera menos de ti. Lo quiere todo y quiere endulzarte. Ella no pretende cambiarte, sino hacerse tuya. Ella se atrevería a vivir bajo tu misma piel, pero sabes que su inocencia es un regalo. Busca calor en tus palabras y fuerza en tu sonrisa. Lo espera todo de ti porque anhela lo que no tiene y lo desea desesperadamente. Ella pide confianza y tú le presentas la sencillez de tu existencia que es suficiente para lo que ella quiere. Da gracias porque aparecieras como un deseo que ni siquiera creía ver cumplido. Ella pensó que jamás estaría a la altura, pero el café le ha prometido un campo de amapolas y una vida sencilla. Ella ha acogido todo de ti y se ha perdido entre tus pupilas. Se ha perdido en tus palabras. Se ha perdido en el propio amor porque le enseñaste a sentirse amada y acompañada.

Él ha perdido su único instante por compartir su tiempo entre tus idas y venidas. Él ha sido caballero andante que decidió embarcarse en un camino maravilloso. Un camino que le invitaba a encontrar y dudar acerca del sentido de vivir contigo. Él ha sido un superviviente de la existencia y nada le ha destruido. Su piel ha reclamado un ser dulce que le alivie las heridas del pasado. Él ha arriesgado su ser por encontrarte en su tiempo. Él ha mimado la armadura de tu orgullo, para mostrarte un espejo que antes no habías visto. Él ha dado criterio a tu sentir y pensar. Él ha volcado su ser para fortalecer tu alma. Él ha acogido con miedo la delicadeza de su propio corazón dejándolo en tus manos. Él ha decidido acompañarte en tu tiempo, asumiendo el riesgo de perderse a sí mismo. Ha unido dos almas en una sola mirada. Ha dejado sus manos clavadas en tu espalda.

Él ama el control del tiempo y Ella ama la perdición en el tiempo. Ambos han encontrado un equilibrio entre sus idas y venidas. Por fin, han encontrado el descanso del campo de amapolas y han podido sentir dicha entre sus cuerpos. Nadie ha podido impedir lo inevitable: amarse como nadie más ha hecho,  siendo ellos mismos.

Posdata: Ofrecerte un café solo, pero bien acompañado.



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